Queridos Hermanos paz y bien. Estamos en tiempos de mucha oscuridad. Oscuridad que provoca el no saber hacia donde vamos con toda esta pandemia que se esparce entre nosotros. Oscuridad por la falta de horizontes y liderazgos genuinos que piensen en las personas y el bien común para toda la humanidad. Estamos a oscuras… El hombre contemporáneo mató a Dios hace décadas y vive en la angustia de un encierro hermético y asfixiante. Muerto el creador, sucumbe la creatura. Hoy estamos en el tiempo de la humanidad agonizante, pero de anhelos genuinos y sueños posibles. Una humanidad que se ha declarado en guerra contra sí misma. Porque no se soporta, porque ha decretado que sin Dios puede hacer lo que le dé la reverenda ganas de hacer, incluso extinguirse. Y en eso estamos… El hombre como especie, varón y mujer… Eso que llamamos humanidad se levanta contra sí misma. Las ideologías reflejan esa vocación hacia la autodestrucción: Ideologías que enfrentan a varones contra mujeres. Mujeres que replican con odio lo peor de los varones. Varones ciegos por la herida de su machismo herido que matan a mujeres para demostrar que ya no son hombres, sino bestias… porque los animales no se merecen ser comparados con nuestras actitudes. El horror es nuestro. Mujeres contra varones; varones contra mujeres… trincheras discursivas de un lado y del otro y la muerte esperando el botín. Hoy ese botín es la vida humana en todas sus formas. Pero la mas preciada por este espíritu de muerte: es la de los niños por nacer. La humanidad está en guerra contra sí misma… A esta locura que vivimos, se agrega esta pandemia misteriosa, salida de algún lejano lugar de oriente. De origen incierto y pareciera programada para atacar a nuestros mayores… sin vacuna inminente y que seguramente será el toque del Rey Midas para aquel laboratorio que la descubra.
Es verdad!!! La Aldea Global está atacada por una pandemia, pero la verdadera pandemia es la vocación de muerte que ha anclado en los espíritus humanos de esta generación. Pandemia del mal, que lo único que busca es destruir; que recala en los poderosos del mundo y se sirve de la parafernalia de los medios masivos para tocar las conciencias. Y como si esto no fuera poco, ahí le vamos atiborrándonos de alcohol en gel, o desinfectantes sin importarnos si a los otros les queda algo… el que llegó primero se lleva todo y los demás… que se mueran. Este espíritu de muerte, fruto de esta cultura de la muerte, como la definió un sabio Papa en el S XX, nos vuelve ciegos, primitivos, involucionados… no importa cuánta ciencia tengamos encima. Pareciera que entre mas ilustrados: mas ciegos; mas perimidos por nuestras propias ideologías. Ciegos para no darnos cuenta que el Covid 19 nos invita a cuidarnos. Y cuidarnos es cuidar al otro. Porque si el otro se contagia la plaga se expande y por mas alcohol en gel que tenga en casa, si todo el entorno padece yo no estoy libre de padecer. Aturdidos de nosotros mismos, de nuestro egoísmo recalcitrante, que es el lugar propicio para que este espíritu de muerte ancle en nosotros. Hoy la historia nos presenta una nueva encrucijada. Seremos capaces de dar el buen combate del amor? O nos ganará el egoísmo y la ceguera que nos impone? Señor Jesucristo, no nos abandones por favor.

